Memoria

La memoria es un tatuaje del alma.

Se lleva en la conciencia y obedece
a sus dictados.
Indeleble, eterno, nos dice quiénes fuimos y revela
lo que somos.

Testimonio para presentir destinos
y decidir qué haremos

JCP

jueves, 1 de diciembre de 2016

Otoño en Madrid

 Los muchachos de Senegal despliegan sus lonas en el suelo y las llenan de albricias para peregrinos. Camisetas, bolsos, collares multicolores, baratijas for export. Los chavales van en grupo y se distribuyen en lugares estratégicos, de las puntas de las lonas emergen cuerdas que cada uno anuda en una mano mientras resuelve las transacciones con la otra. Acaso, cuando niños, antes del exilio y sus impiedades, leían con fruición y respeto a Léopold Sédar Senghor o cantaban canciones de Ismaila Sane o Ismaël Lô ilusionados con un destino promisorio. Era posible, vivían en un país maravilloso y gozaban del reconocimiento planetario por habitar en el sitio cúlmine del rally más famoso. La ciudad es cosmopolita, multifacética, heterogénea pero, por alguna circunstancia que se nos escapa, los vendedores ambulantes resultan los más conspicuos. Acaso unieran, como hacen los niños de todas latitudes, las cuatro puntas de sus pañuelos a un hilo sosteniendo algún pedrusco y lo lanzaran al aire jugando a los paracaídas. 
Ahora descienden en el Sol, en los alrededores del Corte Inglés o la Plaza Mayor y las cuerdas en su mano contribuyen al objetivo de convertir en un bulto sus mercancías para huir de la pasma. Cuando todo pasa vuelven y se instalan en otro emplazamiento. Y otro. Así, ad náuseam El viejo juego del gato y el ratón. Su corolario ya es conocido. Siempre gana el gato. 
Lo sabe muy bien Marta, que ha sufridos persecuciones y humillaciones en sus apostadas en El Rastro y otros sitios. Sumando más golpes a su destierro. Marta desgrana sus experiencias entre mate y mate y, una vez más, lamenta no poder ofrecer un último abrazo a su compañera de vicisitudes, La querida, añorada Lili Masaferro, la esposa de Juan Gelman. Marta recuerda y sus pupilas se posan en un punto lejano. Hemos visto esa mirada en otros ojos. Habrá alguien, algún día, que calificará con más enjundia y exactitud esta manera que provisoriamente llamaremos la mirada del exilio. De Colonia Escalante a San Lorenzo. La tienen los muchachos de Dakar, los sirios recién desembarcados, palestinos, nigerianos… los expulsados del mundo que, por alguna extraña razón eligen Madrid par fundar su nueva vida.
 La hemos visto, también, en el rostro de nuestros abuelos.
 Cotidiano y profundo, el dilema, es la inigración. Los poderosos más refractarios fingen generosidades al punto que acceden a la colocación de un cartel en el frente del Ayuntamiento. Un edicto ad hoc. La leyenda está escrita en inglés, “refugees welcome”. El mensaje soslaya el hecho que ese no es el idioma dominante de los refugiados. Manuela Carmena desespera, Le han exigido que baje el cartel. Alguien lo ha cuestionado por razones estéticas y administrativas. Manuela mira a su alredor pidiendo ayuda pero lo que encuentra es el semblante plástico e inmutable de Rajoy o el edificio de la Casa de las Américas con su fantasma que la examina, ominoso, a través de una de sus ventanas. Esa aparición es ya leyenda, pero muy bien podría llamarse Trump. Adjuntando un ingrediente más al panorama incierto hay un robo, y otro. Y otro. Abundan los que de inmediato denuncian: ”son los rumanos”, lo que pone al descubierto que está muy extendida la estructura Pichetta de entender la vida. La formulación reverbera en el espejo del lago de El Retiro, se multiplica y ejecuta una finta al atravesar la Puerta de Alcalá. Ya no hay quien la pare. 
Lo sabe bien el rumano que prodiga sonrisas mientras despliega manjares baratos y apetitosos en la confitería de la terminal de trenes del Esclorial. El muchacho lleva nueve años en la península y recién ahora, en este otoño que termina, viajará a visitar a su familia. No le resultará fácil. La cosa está pesada. Para los ojos latinoamericanos la crisis de Europa es jauja. Para ellos, no. Han decrecido sus poderes adquisitivos y aumentadas la pobreza y la iliquidez. La destrucción de ciento cincuenta mil empleos, tan solo en agosto, no es cosa que se pueda festejar. “Para colmo, esos tipos, los inmigrantes, que vienen a complicar todo”. Madrid cultiva una deliciosa costumbre. No importa el frío o calor sus habitantes se vuelcan en las calles a toda hora. Bulliciosos, amables, pululan por miles en todos lados. Tal como los turistas, se condensan  saturando la plaza del Sol. Otros construyen colas interminables en la Manolita por si algún golpe de suerte.       A la salida del metro se concentran los espectáculos callejeros. Este noviembre crece el predicamento de un grupo de malabares y hip hop. Al terminar cada rutina el líder presenta a los integrantes. Hay aplausos generosos para el chico de Venezuela y otro país de América que se nos escapa. La lista sigue hasta que señala al nativo de Dubai y la platea estalla. Es que Messi está instalado en el corazón de España pero el espectro de Diego, gordo, contestatario, polémico, sigue dando batalla. 
Pareciera que las cosas no cambian. Pero no es así. La globalización y otros fenómenos vienen horadando de manera intangible establecimientos que presumían eternos. Antonio Navarro Santafé se debe estar revolviendo en la tumba ante el nuevo emplazamiento de su estatua. Ni qué hablar de los que formularon algún tipo de exorocismo o juramento ante la baldosa del kilómetro cero. Ahora deberán reiterar sus votos en la acera de enfrente. Quien lo haga no podrá sustraerse a la multiplicación de luminarias anticipando las fiestas y el pregón de las publicidades vaticinando bienaventuranzas virtuales. El Señor del Consumo y los Dioses del Mercado exigen nuevas pleitesías. A partir de vodafón hasta la casa de la manzana. Ofertantes feroces apuntan sus i-phones a jóvenes desprotegidos e inocentes, compelidos por la necesidad de ser y pertenecer. No hay tregua: ante cada vacilación emerge una nueva ofensiva. Los gatos los dómines del mundo, forjan sus negocios a toda costa. No importan los daños colaterales y si las víctimas provienen del fuego amigo. Un 3 de mayo de hace más de dos siglos Goya los retrató con suma precisión. Mucho más acá Picasso hizo lo propio. Quien no lo crea puede verificar estos testimonios en el Reina Sofía o en El Prado. Si no bastare, ahí está, custodiado por las eternas tortugas, el cilindro de Atocha. (Hay otro Atocha, escondido en las inmediaciones de El Rastro. Allí Manuela salvó su vida, hace un cuarto de siglo, cuando asesinaron abogados. . Alejandra lo sabe, ya habrá otro relato) Se nos dirá que son situaciones de épocas distintas, al igual que sus motivaciones. Les objetamos que es la eterna violencia que un siglo hereda de otro.
 Menos mal la calle y otras felicidades. Sigue Bottero engalanando paseos o la Cibeles y sus irradiaciones. La Gran Vía consagrando tesoros y el empedrado de Montera con sus excitaciones. 
 “Huerta cerrada, taberna encendida:
 nadie encarcela sus libres licores. 
Atravesada del hambre y la vida,
 sigue en sus flores” 
 Por allí una muchacha provoca a un arlequín policromático que alegra una encrucijada. Ella amaga un beso, un paso de danza y él le suma una coreografía extravagante. Ella se acerca, lo toma del brazo, le avecina sus pechos. El la sigue e intenta atraparla. Así durante varios minutos. Luego ella enfila sus caderas rutilantes hacia Moncloa y el arlequín congela un abrazo en el aire. En sus lagrimales brota una lámina de sal. ¿Llora? Tal vez lo haga por la moza o también porque un altavoz ha difundido la crónica funesta: ¡Ha muerto Fidel! ay. Los noticieros no abandonan la nueva durante toda la jornada. La TVE, que no escatima esfuerzos para demostrar su neutralidad, repite una y otra vez la imagen de festejos en Miami, amparados en que la diferencia horaria no ha permitido exteriorizaciones en La Habana. Los locutores de diversas cadenas repasan fragmentos de vida y cada tanto entre la presunta asepsia deslizan la palabra “régimen”. No tienen empacho en reiterarla, ellos, que durante cuarenta años han convivido con el Generalísimo. Es que el fantasma de Franco, omnipresente en su atalaya en el Valle de los caídos sigue vigente y controlando todo a través de sus mil ojos de miedo. Todo, desde las rutinas cotidianas hasta los muñecos que los conductores colocan a su lado para simular una utilización racional de sus vehículos. 
 Aesta altura del texto cobra dimensión su precariedad. Menos mal que por doquier resuena en la memoria o vibra en el aire la palabra de Miguel Hernández, Góngora, Blas de Otero, Antonio Machado, Rafael Alberti o Dámaso Alonso. Y si algo faltare, ya lo completará Sabina. Allá, donde se cruzan los caminos… Madrid, inmensa, se convierte en una cuadricula minúscula y luminosa a medida que el avión cobra altura. En la vuelta habrá elementos para extrañar: la limpieza, las flores, el arte, la gente… Otras no. A poco de llegar, tras cruzar la plaza San Martín con rumbo al antiguo Hotel Pampa un chico alto, delgado, moreno, nos ofrece una sonrisa de marfil y un reloj dorado.

lunes, 24 de octubre de 2016

lunes, 26 de septiembre de 2016

Celia

Celia Jinkis de Jorsunsky - Juan Carlos Pumilla

Me ví en sus ojos claros antes del abrazo. Le reclamé un plato de kefilte fish que quedó pendiente una noche  de otoño en la calle Sarmiento. También las llamadas largas,  domingos por la tarde, y otras chucherías que no vienen a cuento.

Ella ya  era ejemplo.
Luego de la primera marcha. 

Sufragué mi deuda de ausencia condensando su hombro  y  rubriqué   una  promesa para quebrar el silencio. La luz  nos daba a pleno y  en su pañuelo blanco posó una mariposa que se quedó a mimarla.

Ella ya es  leyenda.
antes  de la última marcha.

Iba con galanura por la placita añorada   seguida por un cortejo de risas y algún llanto. Parecíamos pájaros en un campo sembrado.
No hizo falta más, en sus pupilas diáfanas brillaba un astro, cuando la despedida desplegó su  sol alto.

Celia  se alejó despacio
y yo comencé a extrañarla.

Fue hoy por la mañana, primavera y canto. Detrás de las ventanas, germina el  árbol.

He visto esa mirada
nen las rondas de marzo






viernes, 19 de agosto de 2016

Días de radio

UVQ/TECNICATURA DE GESTION DE MEDIOS COMUNITARIOS
HISTORIA DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Prof. Daniel Badenes

TRABAJO PRACTICO N° 2 (Entrevista)






Entrevista a Juan Carlos Pumilla:

  LA APARICIÓN DE LOS MEDIOS,  EN EL DESIERTO
    DE LA PAMPA PROFUNDA. EXPERIENCIA PERSONAL



“La propuesta es aproximarnos  a la historicidad de las tecnologías mediáticas a través de narraciones subjetivas, a partir de trayectorias sociales de la vida” (…)”Estamos contribuyendo a una historia localizada, reflexiva…” (Prof. D. Badenes –Clase 6-HMC-)














Empiezo por el final: fue un placer escuchar la voz pausada, la palabra justa, el recuerdo exacto y la nostalgia que afloraba en  esa  esforzada búsqueda en los vericuetos de la memoria por los detalles que se escapaban…como revolviendo un viejo baúl y sacando del fondo  retazos de momentos precisos, inolvidables, perlas preciosas que, hicieron del relato un viaje emotivo y conmovedor.
Mi entrevistado: Juan Carlos Pumilla, ( le decimos Pinky, Puma, a la izquierda en la foto)), un viejo amigo, colega y admirado luchador por todos los derechos. Trabajador de la palabra, de la idea, de la cultura, de la historia, del pasado y del futuro. Periodista y escritor. Inclaudicable testigo de su tiempo: hombre de palabra y de acción. Reclamador insobornable de Justicia. Es innegable su aporte personal a la construcción de memoria, verdad y justicia en La Pampa. (Allí están presos, en la unidad penitenciaria de Santa Rosa, los represores condenados por la violación a los derechos humanos durante la dictadura del 76., y también están en el Monumento a la Memoria, las placas con sus nombres, de los pampeanos desaparecidos,).

Le propuse, entonces, que me contara como habían sido la sucesivas apariciones de los “artefactos modernos” que nos traían voces , música e imágenes, en su vida. Y nada más escuché. Esto es lo que me contó:


“... la devoción por la radio nace en Puelches. Para los que no conocen digamos que estamos hablando de La Pampa profunda, donde la densidad poblacional era del 0,01 habitante por kilómetro cuadrado.”
     
  (“Fue en un lugar llamado Puelches,/en La Pampa ancha y salada./Había salido a buscar las cabras, perdió el rumbo y no supo volver./ Se le insoló la flor de su dulzura. Murió de sed./ Tenía seis años y se llamaba Miguel Oscar Ferreyra Casayaupi./ “Salió buscando las cabras”, canción- Poema N 6 del libro “Agua enjuta, guitarra”, del poeta pampeano Juan Carlos Bustriazo Ortíz)                                    

 “ Mi madre había sido designada  directora de la escuelita de Puelches y mi padre que trabajaba en Santa Rosa viajaba los fines de semana desde la Capital. La Pampa aún  era territorio nacional.  Desandar esas distancias constituía una ventura,  una travesía que los viajeros coronaban felices  por llegar a  ese oasis que todavía se nutría con las prometedoras aguas del Curacó.


               Aquel  día fue una fiesta. El camión  de Ruiz  Pérez, que cada quincena transportaba las  provisiones al poblado desde General Acha, depositó en la escuela una voluminosa caja que fue abierta con ceremonia y expectación  por parte de la media docena de vecinos del lugar. En su interior yacía, reluciente, una Phillips de onda corta y larga. René Tentham, el encargado de la estación meteorológica corrió a buscar una batería de las que cargaba con su molinillo y al poco tiempo todos quedamos extasiados con los primeros balbuceos de la Phillips que,  sin antena, apenas reproducía los ruidos afónicos de una  estática que aun así - para todos nosotros- era la representación misma de la modernidad.

 La década del cincuenta apenas debutaba y la radio nos introducía en ese  universo portentoso y mágico de la comunicación. Ahora que ya estoy con varios almanaques  encima y he dejado atrás al niño de Puelches milito en el campo de la conversación (más que la comunicación)  pero no dejo de valorar la fabulosa trascendencia que para toda mi generación ha tenido esa Phillips de gabinete de madera lustrada a través de la cual accedimos a un mundo maravilloso.

               De esa época provienen mis primeras palabras en ese inglés Tarzán que nunca he llegado a perfeccionar. Pero por muchos años la radio fue  la broadcasting, los locutores speakers , la el reportaje intefview  y los cantantes  crooners. Todo venía a través del éter. Todo, desde las recetas de Gandulfo  hasta esa palabra tan ominosa y funesta  que Delfor, en su revista Dislocada, deslizó un día para iniciar y identificar  una práctica y una ideología. El formidable conductor dijo “gorilas” “deben ser los gorilas, deben ser y la definición impregnó todas las décadas posteriores. Hasta hoy, como se puede apreciar.

               El nefasto  proceso que se autodenominó Revolución Libertadora  tuvo su costado benéfico en el plano familiar. Mi padre fue asignado al frente de la Agronomía  de Bernasconi y mi madre destinada  a la escuela número 15. Hasta allí nos acompañó la fiel Phillips con apenas algunas rapaduras por el paso de los años. Los hados y las ondas eran propicios en Bernasconi.  La Phillps tenía mayor alcance que en Puelches, de manera que nuestra vida cotidiana fue ordenada en  función de los horarios del Glostora  Tango Club,  el radioteatro Los amores de Josefina  y, por supuesto la Revista Dislocada que era el programa que concitaba la adhesión general.

               Con el paso del tiempo  Delfor se mudó de Radio Argentina a Splendid y el bendito éter no beneficiaba su  buena recepción. Afortunadamente de  pronto surgió en Radio Belgrano una opción tan desconocida como maravillosa para toda la familia: Los Cinco Grandes  del Buen Humor. Zelmar Gueñol,Juan Carloscambón, Guillermo  Rico,Rafael Carret,Jorge luz
Era tanta  la atracción que generaban  esos genios que un día  se quemó una de las válvulas de la querida radio y peligraba la emisión del  domingo. De manera que mi padre comenzó una afiebrada pesquisa que lo llevó de apuro a San Martín, un pueblo  distante veinticinco kilómetros desde donde regresó con la ansiada pieza. Ese día fue también una fiesta: por la cara de satisfacción de mi padre, por el programa y por un dato que ahora se me hace muy visible: la radio establecía un código común,  fortalecía  y discernía gustos. Pero, fundamentalmente, nos unía.


Las válvulas de las viejas radios, que rememora Pinky, conservadas como trofeo de aquellos días…
              

_Quizás tuviera alguna percepción  elemental de esa circunstancia  o acaso sea por pura casualidad. Lo cierto es que entre mis tesoros personales más preciados que he podido conservar y defender  a lo largo de estas  mudanzas figura una pequeña válvula que ya mismo te paso a mostrar.(foto) No es aquella que nos devolvió a Jorge Luz , Los Pérez García y  a Odol Pregunta. Pertenece a otro receptor entrañable pero, qué  duda cabe, en cierto sentido es la misma.


La Phillips se quemó por culpa de una vela que olvidé sobre la cubierta una noche que no quiero recordar. Ya teníamos electricidad  en Bernasconi  pero  el fluido se interrumpía a la medianoche de manera que la radio seguía siendo el contacto nocturno con el mundo. Coloqué el candelero para poder sintonizar y eso es todo  lo que diré.


                               Mi padre compró luego una supertaylor que armaba un técnico muy ingenioso de Santa Rosa, el señor Antonio Outerelo. _De puro precavido la encargó con una caja de válvulas de repuesto.


               Para  ese tiempo ya había ingresado a mi hogar un flamante tocadiscos Winco y con él el  sortilegio  de Nat King Cole primero y Enrique Guzmán luego. Estoy consciente que el Winco forma parte de las añoranzas y leyendas de toda mi generación. Diré entonces, solamente, que cuando decidí a unir mi vida a la de mi compañera Raquel ella sumó a la pareja otro Winco. Jóvenes, con mil necesidades, sorprendíamos a los visitantes con esos preciados  bienes que una jornada aciaga el imperdonable Celestino Rodrigo  nos obligó a malvender.

Ya había tenido una experiencia anterior con un reproductor de discos. Era ajeno pero, en cierto sentido, también propio. Se trataba de una ajetreado aparato RCA Víctor (creo qué de ahí proviene “victrola”) que pertenecía al Club Unión Deportiva Bernasconi. En algún momento me confiaron el manejo del RCA y yo me sentí el adolescente más importante de la comarca. Daba manija, cada tanto cambiaba las púas, repasaba cada disco de pasta con una almohadilla de terciopelo rojo. Fui, sin saberlo, un discjockey pionero. Todavía tengo gratas reminiscencias de cuando mis padres salían a bailar y me prodigaban un guiño cómplice para que les pusiera su tango favorito, La cumparsita. Eso si, con las variaciones de Enrique Rodríguez. Raquel, buscadora de tesoros y heredera de estas reminiscencias, adquirió  hace unos años un reproductor Decca con las mismas características de aquel RCA.  Desde ese momento, aun luego de mil andares, siento que todavía sigo en Bernasconi.


En los inicios de los sesenta la familia fue un mes de vacaciones a Buenos Aires, a la casa de una tía que  había entronizado un monumental televisor en la sala de estar. ¡La imagen, qué maravilla! Todavía no lo sabíamos pero  esa caja de madera y vidrio inauguraba una tendencia que tan detalladamente describiría Sartori medio siglo más tarde. El tío Humberto estaba muy orgulloso con esa adquisición que le había comprometido los salarios de todo el año. El Zenith (si la memoria no traiciona)  tenía un vidrio combado y por delante el tío, con mucho deleite  ante nuestro asombro, colocaba una placa transparente tricolor ideal para ver los paisajes de Bonanza. El efecto resultaba algo incongruente en los planos cortos pero no dejaba de impactar en los añorados sábados del Club del Clan.

               No conservo  recuerdos de la  marca de mi primer televisor. Tengo memoria del primero en la familia, un pequeño Noblex que  esporádicamente dejaba presentir el fantasma de una imagen emitida desde el canal de Bahía Blanca. Hemos pasado horas y horas frente a esa pantalla en blanco y negro tratando de adivinar alguna escena que nunca se produjo. Pero ahora que lo pienso no cuenta  tanto la marca ni el aparato sino sus circunstancias. Por sí mismos, no son nada. Es como el teléfono de Bell. Su formidable  importancia no  radica en el primero, sino en el segundo.

Pero si bien la televisión fue valiosa  no tuvo en nuestras vidas la trascendencia y significación de la radio. Probablemente porque la radio era ingrediente esencial de la imaginación o tal vez por su carácter iniciático en alguna parcela de nuestra existencia. Cómo no advertir su decisiva  importancia en aquellas estremecedoras jornadas del  país tan negadas en el plano interno a la que solo accederíamos   a través de las trabajosas emisiones de Radio Colonia. En aquel tiempo  comencé a respetar  y admirar a una figura señera que creó un magisterio en el arte de la comunicación: Ariel Delgado. Cada vez que las estridencias de la marcha de Souza emergía de los parlantes señales de alerta se desplegaban en  la audiencia familiar. Esos ecos aun resuenan cuando los sones de Barras y Estrellas emergen en los informativos de Crónica.  Creo que García tuvo la astucia  de percibir  para su provecho la garrafal  significación de la cortina  identificatoria  de aquella  radiodifusora  y la manera en que  sus singularidades impactaban en el imaginario nacional.

Digo todo esto para subrayar una especie de moraleja. Estuvo bien, realmente muy bien, que hubiera en Uruguay una alternativa a la afonía de las frecuencias argentinas. Pero está mal, realmente muy mal, si tomamos esto como un dogma y dejamos que nuestra realidad sea contada con ojos ajenos.

               Los albores de otro golpe me encontraron viviendo en Santa Rosa y fue altamente gratificante  reencontrar a un costado feliz de mi niñez  en las añoradas emisiones de radioteatro que con tanta puntualidad  y persistencia Radio Nacional nos regalaba. Las dos carátulas, teatro de la humanidad. Un ciclo irrepetible y lamentablemente  poco emulado.

Esa época produjo un curioso fenómeno. Uno escuchaba Nacional en su intimidad pero al salir a la a calle una voz familiar, muy a tono con los contenidos de LRA 3, seguía nuestros pasos en el exterior. Era la propaladora Argentina de Alfredo Dalmiro  Otálora que durante lustros se encargó de acercar noticias de último momento, indicar turnos de farmacia e imponernos de los aconteceres nacionales y del mundo. A través de Otálora, “Piquito de Oro” supimos de la muerte de Kennedy o los pormenores de la última película de Tyrone Power. Luego vinieron otras propaladoras, claro, pero no tuvieron la misma importancia ciudadana. La de Antonio Goncalvez o la de Guillermo Fernández , que finalmente sucumbieron tras la aparición en el firmamento radiofónico de la emisora comercial LU33.”

(Quizás sea ilustrativo, acerca del rol de la propaladora, señalar que en los episodios de la Revolución del 9 de junio de 1956, con fuerte protagonismo en La Pampa,” la propaladora recordada por Pinky, fue tomada por los revolucionarios”.    Cuenta Norberto Asquini, en su libro: ( Días de Odio- Ediciones CPE, 2011 – Página 117)…”Encabezados por Phillipeaux,(Jefe de la unidad militar sublevada) después de tomar la Casa de Gobierno y antes de marchar a Radio del Estado, pasaron por el local de la Propaladora Argentina, ubicada en el bulevar Roca, a una cuadra de la plaza central. Porque su propietario Alfredo Dalmiro Otálora, no quiso acudir al llamado, tiraron abajo la puerta y lo detuvieron. Este declararía
luego ante la justicia que fue golpeado en la cara con la culata de un arma. Bajo amenazas, lo obligaron a poner en funcionamiento el altavoz y a leer una proclama que convocaba a la revolución. Luego se marcharon y dejaron afuera, de consigna, un agente de la Federal”.)


               “Contemporáneamente se habilitó  el canal estatal de televisión, LU89  Canal 3 y su puesta en marcha operó como precursora de una década en la que explotan en el firmamento de los medios locales y regionales infinidad en pequeños emprendimientos de frecuencia modulada y señales de televisión que aun hoy se conservan. Viven y sobreviven , del brazo y a los codazos ,disputando grillas, , actuando como repetidoras, repitiendo fórmulas, invadiendo frecuencias,, inaugurando conceptos… un abanico inmenso de alternativas que al tiempo que democratizó el procedimiento fragmentó  la audiencia y fraccionó fervores.
              
Así, los que por años clavábamos el dial en Splendid, El Mundo, Belgrano, Excelsior…nos encontramos ahora haciendo zapeo  radial buscando  febrilmente las mejores  opciones en una oferta francamente abrumadora  cuyos contenidos –y objetivos- quizás se relativicen por tamaño volumen.”

Y aquí, Pinky, trae un recuerdo que compartimos:

“Por cierto eso no sucedía cuando los dos, vos y yo, emprendimos aquel ciclo radial por LU37 de General Pico. Esos días enriquecieron mi vida y le dieron sentido. .Fue en los albores de la democracia y el Curacó era una herida reseca e insolente atravesando el Puelches de ayer. Hicimos “La Pampa, sus ríos y su gente” con un fervor y energía que ahora añoro . Denunciamos la sed  de los abajeños, y apelamos a la dignidad de un país para  que se ofenda ante el despojo. Me siento honrado de haber compartido contigo esa cruzada y, a la distancia  , cualquiera fuere lo que acontezca con nosotros, estoy más que seguro que ese programa, hecho con dos pesos con cincuenta, una cassette pregrabada  mil veces y una frazada improvisando una sala de grabación, nos absuelve  en el  juicio de la historia.”

(Es oportuno aclarar que La Pampa sostiene un reclamo, frente a Mendoza, por apropiación de los caudales del rio Atuel , que definitivamente dejó de escurrir por nuestro territorio. Este reclamo es causa popular y siempre constituyó parte de nuestra lucha; el programa mencionado por Pinky, entre otras iniciativas. Incluso por estos días está en marcha un nuevo Juicio contra la provincia hermana).


“Por un lado la radio. Por otro, el cine. Nunca mensuré cabalmente la gravitación que este medio tendría en mi vida. Un día luminoso, en todo el sentido de la palabra, don Samuel Nandory  puso en marcha en Bernasconi el Cine Bar Duchac.  La inauguración tuvo impacto zonal y  todavía reverberan en las memorias de los pobladores del lugar los pormenores de aquel acontecimiento. Nandory sólo tenía  un proyector, de manera que las películas se emitían  por actos. Entre rollo y rollo Samuel servía sándwiches de jamón con manteca amarilla  a los parroquianos  de las mesitas del salón  que aprovechaban las pausas para beber litros de cerveza  y comentar los pormenores del film. El operador a menudo equivocaba el orden de los rollos circunstancia que provocaba el estupor del público a la par que suscitaba  funciones surrealistas. Lo cierto es que en esa sala fui conmovido por películas señeras, entre ellas Pasaron las Grullas o El Acorazado Potemkin, que signarían buena parte de mi destino.”

(J.C.Pumilla es autor del libro “El Hombre del Potemkin”-Fondo Editorial Pampeano-2003, en la contratapa se lee:”Un adolescente asiste a la proyección de la película “El Acorazado Potemkin” en un cine pueblerino. Cuarenta años más tarde descubrirá que un marinero de esa nave vivió en su provincia y pudo ser espectador de la misma función” Se trata de Pablo Bilozuk, ucraniano ,nacido en 1880, marinero del Potemkin que de alguna forma recaló en La Pampa ,vivió en Winifreda y falleció en el Asilo de Ancianos de Santa Rosa el 28 de mayo de 1967)


               “Todo comenzó con un proyector  Cinegraff  que coronó  uno de mis cumpleaños más sentidos  y siguió con otro de 16 milímetros marca Hollywood que se hundió en los vericuetos de un malhadado préstamo del cual sigo arrepentido. Ahí se definió uno de mis oficios, el de guionista que me condujo, por esas cuestiones  del destino, a participar de la Primera Semana del Cine Nacional, que desde hace más de  dos décadas se despliega en todas las salas de la Provincia. El azar quiso que coincidiere en una mesa con Jorge Luz. A poco de iniciar el diálogo puso énfasis en destacar que se sentía muy contento de visitar estos  pagos por primera vez. Con algún pudor, no exento de emoción, asumí mi calidad de anfitrión para comentarle algunas peculiaridades lugareñas. El aceptó la información con amabilidad  y quedó callado. También hice lo mismo  para no turbar sus pensamientos  y ahora –con el paso de los años- me siento arrepentido por ese silencio. Debí decirle, con el corazón pletórico de agradecimiento que se equivocó al decir que era su primera vez en estas inmensidades , Ya estaba con nosotros –como uno más en la mesa- desde aquellas inolvidables jornadas radiales de Puelches y Bernasconi…”

Hasta aquí el relato (“La conversación, que sin embargo, no puede ser comparada a otras formas de indagación”.- D. Schwarztein)



Eduardo Nelson Nicoletti

martes, 9 de agosto de 2016

La desopbediente



Con sorpresa, no exenta de un miligramo de tristeza, leemos que una pampeana, hermana de un asesinado por la Triple A, reprueba la actitud de Hebe de Bonafini por resistir una orden del el juez federal Marcelo Martínez Giorgi.
En realidad la condena se sustancia en un dato irrelevante que se puede sintetizar así: “ella lo hizo, yo no lo hubiera hecho”
No lo hubiera hecho, confiesa, por su apego a la democracia y a la justicia.
En síntesis, por la adscripción acrítica a un sistema que promueve la desigualdad, que consagra la injusticia social, que hambrea, despliega políticas de miedo y odio y promueve leyes que lesionan la soberanía nacional y desprotegen a los más desprotegidos.
Una justicia manierista, sesgada, con el velo descorrido, que no sólo impide o retrasa que ese asesinato de la Triple A encuentre a los culpables y los condene, sino que se abstrae en sobreactuaciones tan visibles como groseras: justicia de las retroexcavadoras que se activan o no según los bienes sean de Báez o de Calcaterra.
Justicia moralista, por Morales, claro, que persigue a dirigentes sociales, los encarcela y luego busca encuadres legales y alguna prueba.
¿Alguien pedirá perdón por haber promovido el ocultamiento del mural de Milagro Sala, la cooperativista que lleva doscientos días prisionera. ¡Doscientos! : uno como pena por su rebeldía, ciento noventa y nueve como escarmiento y disciplinamiento social.
¡Ni que hablar del corazón offshore de toda la planta gubernativa!
Henry D. Thoreau. En 1848, precisamente un año clave en la historia, el mismo año en que Federico Engels advirtió a lo dueños del
poder que había un verdugo aguardando en la puerta, publicó su obra Civil Desobediency. En este opúsculo defendía que toda reforma social debe partir de la conciencia moral del individuo, que se rebela contra un orden que le parece injusto. Explicaba Thoreau que La desobediencia civil es una forma de protesta social que consiste en la resistencia pacífica hacia el poder, sus leyes, órdenes y exigencias. Es un desafío público –enfatizaba- a la autoridad y cuyos protagonistas aceptan la sanción que supone dicha desobediencia. La desobediencia tiene como objetivo protestar, presionar al poder para cambiar una ley, un orden y hasta para transformar los valores del mismo.
No debe confundirse la desobediencia civil con la acción de delinquir, ya que ésta no conlleva una protesta y sí un beneficio egoísta y, además, aquella es abierta, a la luz pública, sin el componente clandestino del delito. La desobediencia civil puede confundirse con la objeción de conciencia porque tienen un origen común, pero la objeción suele estar regulada o permitida, al menos, en los países democráticos, frente a la desobediencia que no tiene ninguna cobertura legal en los ordenamientos constitucionales y jurídicos.
Así, desobedientes fueron los que quemaron sus órdenes de enrolamiento para combatir en Vietnam, los protagonistas del mayo francés, los revolucionarios del Parque, los cabecitas negras que hundieron sus patas en las fuentes, los que partieron desde el Barrio Clínicas para confluir con las columnas de Tosco en el cordobazo.
Desobedientes, los precursores de mayo de la patria. Los queridos, heroicos, aguerridos jacobinos cuyas imágines prevalecerán en la memoria de los justos aun cuando a alguien se le ocurra silenciarlos o bajar sus cuadros.
Hebe fue desobediente. Y al hacerlo prodigó una lección de ética y de comportamiento militante. Porque Hebe no es Hebe: es la representación de un colectivo social que la trasciende y dilata por toda América y el mundo
Así las cosas la presidente de Madres de Plaza de Mayo desobedeció aun cuando algún recóndito pliegue de su fuero íntimo le hubiese aconsejado que acatara la citación judicial.
No podía aceptar y no lo hizo, porque la convocatoria obedecía a razones maniqueas, antojadizas de un juez ansioso de clarinetes que en el último instante percibió que esos diez minutos de tensión en la entrada de la sede de Madres ponían en marcha un peligroso mecanismo de respuesta social que él, ni nadie, estaba en condiciones de afrontar.
De manera que bienvenida la desobediencia, gracias a ella la historia se pone en marcha y rubrica sus victorias.

sábado, 30 de julio de 2016

"Un médico ahí.."

Emannuel Blain
Llegó a casa avanzada la madrugada. El doctor Jean Francois Emannuel Blain se sorprendió al recibir la orden amarilla a domicilio. Sobreviene de otras batallas. Están ausentes en las farmacias y probablemente el organismo regulador ya no las imprima seguramente debido a que la comunidad asistencial, que desprecia las poblaciones pequeñas, sostiene un gran rigor por los horarios de oficina y las guardias desde el quincho, ya ha dejado de leer las Memorias de un médico rural.
-Doctor, está esperando Hipócrates, malherido.
-Dale un turno para el mes que viene.
-Y a San Pantaleón?
-Decile que tuve una urgencia.
Blain, en cambio, ha leído La Ciudadela. Estudia constantemente, habla con sus enfermos, les explica. Los toca.
Lo conocemos desde recién llegado del primer país emancipado del hemisferio. Recaló con su título, a una de las casitas del flamante Barrio Fénix. El tiempo, y el aumento de su familia, lo llevaron a adquirir otra. A cuatro cuadras de distancia, como para no abandonar el pago.
Llegó a la Argentina con la misma obstinación, capacidad de trabajo y dedicación al arte de curar que exhibió la otra noche. Migró, acaso hastiado de tanta recurrencia duvalierista, buscando sosiegos y una formación de excelencia que le era negada o restringida en su país de origen. No vino a “hacerse” la América. Vino a fortalecerla.
Cuando la tiniebla de los setenta comenzó a extenderse la corporación diseñó un correctivo ejemplar para el que no aceptaba cobrar adicionarles – el plus, bah- a sus pacientes.
De manera que el SEMPRE emprendió medidas que incluyeron edictos admonitorios a sus enrolados. El resultado fue sorprendente, ejemplificador y estimulante: los vecinos, convocados o no, asistieron en masa para ratificar que esas prescripciones, rubricadas en días y horarios insólitos, eran legítimas.
Así se fue consumando parte de la leyenda. A principios de los noventa un sinnúmero de entidades sociales, ente ellas la CPE, patrocinaron una campaña pública en búsqueda de personas ejemplares. Allí, nuevamente, el voto ratificó una ponderación transversal a las décadas.
Inicia sus jornadas al clarear y las agota en el crepúsculo. Las comadres se preguntan “pero ese muchacho cuándo descansa”. Los hombres tienen otros cuestionarios.
La noche de la orden amarilla anticipó su inminente jubilación y su voluntad de seguir asistiendo. Tal vez obtenga un plus de tiempo que le permita tocar el piano y jugar con sus nietos.
Para ese momento tendrá edad suficiente para aspirar al Premio Testimonio que la Provincia otorga cada dos años a ciudadanos destacados.
Tal vez a alguna institución se le ocurra proponerlo. Si fuera así ahí van estas líneas empujadas por los residuos de una fiebre feroz. Estamos seguros que habrá centenares, miles, de lectores que sabrán dilatarla, enriquecerla, auscultarle el pulso exacto que permita expresar el nivel del afecto asociado a la memoria colectiva.

Miradas al sur

Miradas al sur
Juan Carlos Pumilla